1 jun 2008
Relato de Mi familia
Hoy voy a contar una historia que aconteció con mi papá. Mi papá era sastre y hacía prendas de vestir para miembros del ayuntamiento, novios y quien quiera. Todo tenía que salir mucho perfecto, pues era así que se usaba. Él obtuvo éxito y se quedó bastante conocido, porque cosía muy bien y siempre tenía mucho trabajo. Cierto día, recibió un cliente diferente. Nunca había tenido un cliente como este. Este hombre no tenía una pierna. Mi papa echó las medidas del nuevo cliente y dedicó gran parte de su tiempo haciendo su prenda de vestir, porque quería que su cliente se sintiera muy contento, pues era un cliente especial. Cuando llegó el día de entregar la prenda de vestir, mi papa estaba contento, pues había hecho todo para que nada le saliera mal. Entregó la prenda de vestir al hombre y pedió que se lo experimentase. El cliente vistió la parte de arriba y se quedó muy bien. Vistió los pantalones y… ¡Qué sorpresa! La sangre del hombre empezó a subir por el rostro y se depositó en sus ojos. El agarró a mi papa por el cuello poniéndose muy nervioso. Empezó a insultar a mi papa y a toda mi familia. Eso todo por una simple cosa (simple para mi papá): Él pantalón también no tenía una pierna. Él hombre se quedó muy humillado, pues fuera como si hubiera llamado de cojo. Corriente él usaba pantalones con dos piernas, doblando lo excedente y encajándolo en la muleta. Un pantalón de una pierna sola era una afrenta. Eso era una recusa inconciente en admitir el hecho de tener una pierna sola. Yo comprendí a mi papa, pobrecito. Pensó que estaba ayudando al hombre, no tuvo ninguna maldad. Hacer un pantalón de una pierna sola para un hombre de una pierna sola era bastante coherente para mi papá, pero no para aquel hombre. No sé cómo terminó ese embate, solo sé que hasta hoy reímos de esta historia.
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1 comentario:
Encontré esta história muy divertida (aunque el chico este, cojo, se haya puesto rabioso con tu papá).
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